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LA BARONESA DE WILSON
La escritora y viajera Emilia Serrano García (h. 1833-1923), quien aseguraba haber nacido en Granada tiempo después del que parece ser su año de nacimiento, fue, según aseguraban las crónicas periodísticas, la mujer más célebre de América durante las últimas décadas del siglo XIX.
Instalada en París en su primera juventud, Emilia Serrano entra en contacto con el mundo literario francés y con la amplia comunidad intelectual de origen español e hispanoamericano que residía en la capital francesa, fruto de las emigraciones y exilios. George Sand, Lamartine, y el círculo periodístico del dramaturgo José Zorrilla, con quien tendría una hija, vieron crecer la figura de una joven que, en circunstancias adversas, logró fundar una revista dirigida a un público femenino, La Caprichosa, que se convirtió en un éxito editorial distribuido también en España y en la mayor parte de los países americanos. Transformada en la Baronesa de Wilson, la periodista, escritora, traductora y empresaria cultural, al tiempo que recorría Europa y estudiaba sus sistemas pedagógicos para la educación de las mujeres, logra convertirse en la primera agente literaria internacional como representante del gran Alejandro Dumas y gestora de sus derechos de traducción al español.
La Baronesa de Wilson regresa a España en la década de 1860 y consigue un papel relevante en el mundo cultural y en la corte de Isabel II, a la que llega a dedicar un Himno real compuesto a raíz de la Guerra de África. Al tiempo que multiplica su actividad periodística, Emilia Serrano escribe y edita manuales educativos, colecciones de novelas cortas, revistas de moda, traducciones y participa en sesiones literarias y artísticas, como el conocido Liceo Piquer de Madrid. Gracias a su habilidad en los negocios, la Baronesa comienza a preparar lo que será su gran proyecto vital: viajar a Hispanoamérica.
Entre 1864 y 1914, la Baronesa de Wilson se embarcará en seis ocasiones para cruzar el Atlántico. En los cerca de veinte años que vivió en diferentes países americanos, recorrió el continente de extremo a extremo, llevando a cabo todo tipo de empresas culturales y sorteando dificultades y aventuras varias. La escritora actuó como promotora de la cultura y de la historia de los pueblos americanos en Europa y en diversas Exposiciones Universales, como la de Barcelona de 1888 o la de Chicago de 1893; fue, asimismo, impulsora del turismo, de la emigración y de las inversiones internacionales en las repúblicas hispanoamericanas.
La audacia, el cosmopolitismo y la formación variada permitieron a la Baronesa de Wilson trazar en sus viajes poderosas redes sociales y personales que la conectaron con los principales nombres del panorama cultural y político del siglo, hasta el punto de llegar a convertirse en asesora de gobernantes, como el presidente mexicano, Porfirio Díaz, en historiadora oficial de países como Venezuela o México y en la autora más difundida en las escuelas americanas. Pero, sobre todo, la Baronesa de Wilson fue la valedora de las mujeres de letras de habla española: durante años, fue rescatando noticias en torno a la vida y la obra de numerosas escritoras contemporáneas, pero también de destacadas filántropas, artistas o heroínas olvidadas en las crónicas de la época y recuperadas en múltiples revistas y periódicos y en libros como América y sus mujeres (1890), Bocetos biográficos. Mujeres ilustres de América (1899) o El mundo literario americano (1903).
A lo largo de sus viajes, la Baronesa tejió una duradera trama de amistades femeninas que encontraban en las revistas culturales que publicó a lo largo de su vida un espacio virtual de relación: desde la reconocidas Gertrudis Gómez de Avellaneda, Fernán Caballero, Pilar Sinués de Marco, Concepción Gimeno de Flaquer o Eva Canel, hasta las americanas Soledad Acosta de Samper, Clorinda Matto de Turner, Mercedes Cabello de Carbonera o Juana María Gorriti.
Entre las dos fechas simbólicas de 1892 y 1898, el IV centenario de la llegada de Colón a América y la pérdida de los territorios transatlánticos españoles, la Baronesa de Wilson emprendió una intensa labor para acreditarse como historiadora americanista. Uno de los hitos de esta trayectoria lo constituyó la invitación del gobierno de la República Dominicana para que dictaminara si la caja de huesos hallada en la catedral de Santo Domingo con el nombre del marino contenía los restos de Colón y de su hijo Diego, oficialmente enterrados en La Habana. Años antes, la Baronesa había recorrido los yacimientos arqueológicos más relevantes de la llamada América española, había convivido con sus pueblos originarios y había ido construyendo su propio museo portátil. De regreso a España, la escritora donó parte de su colección de artefactos y piezas arqueológicas americanas a instituciones como el Ayuntamiento de Barcelona y diversos museos catalanes, con el objetivo de que contribuyeran a la educación de la ciudadanía.
Tras tener que regresar a España por problemas de salud durante su último viaje americano, en la antesala de la Primera Guerra Mundial, la Baronesa pasó sus últimos años entregada a la elaboración de su más ambicioso proyecto, la inconclusa Historia General de América en 20 volúmenes, así como a la edición de sus numerosos libros para intentar que su nombre, y el de tantas otras mujeres, perdurara en el tiempo y en la memoria. En 1923 falleció en Barcelona y su rico y singular archivo documental y material desapareció, como su nombre, rescatado ahora en el primer centenario de su muerte.
Event Venue & Nearby Stays
Instituto Cervantes, calle Alcala 49 (entrada Barquillo 4) Madrid, Madrid, Spain
EUR 0.00
